No me aflige morir, no he rehusado
acabar de vivir, ni he pretendido
alargar esta muerte, que ha nacido
a un tiempo con la vida y el cuidado.Siento haber de dejar deshabitado
cuerpo que amante espíritu ha ceñido,
desierto un corazón siempre encendido
donde todo el amor reinó hospedado.Señas me da mi ardor de fuego eterno,
y de tan larga congojosa historia
sólo será escritor mi llanto tierno.Lisi, estáme diciendo la memoria,
que pues tu gloria la padezco infierno,
que llame al padecer tormentos gloria.
Francisco Quevedo 1663
Qué bonito. Estos poemas de Quevedo me dejan sin palabras.
En “Amor constante más allá de la muerte”, ya sabes: “Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra…” desarrolla Quevedo hasta la máxima expresión alguna de las ideas que también aquí aparecen. No sé cual fue escrito antes.
Esta fue escrita antes, creo. en general todos los poemas de Quevedo son estupendos. Sobre todo lo que me llama la atención es esa manera de pensar en el Barroco. Supongo que la eternidad es algo que llevamos dentro.