Húmeda de rocío despierta la campana
en los azules cristalinos de la mañana.
Y por las viejas sendas van a las sementeras
los tardos labradores camino de las eras,
en tanto que su vuelo alza la cotovía
a la luna, espectral en el alba del día.Molinos picarescos, telares campesinos,
cantan el viejo salmo del pan y de los linos,
y el agua que en la presa platea sus cristales,
murmura una oración entre los maizales,
y las ruedas temblonas, como abuelas cansadas,
loan del tiempo antiguo virtudes olvidadas.Dice la lanzadera el olor del ropero,
donde se guarda el lino, el buen lino casero,
y el molino complica con la vid de su entrada
campesinos enigmas de la Historia Sagrada;
bajo la parra canta el esponsal divino
de la sangre y la carne, la borona y el vino.El aire se embalsama con aromas de heno,
y los surcos abiertos esperan el centeno,
y en el húmedo fondo de los verdes herbales,
pacen vacas bermejas entre niños zagales,
cuando en la santidad azul de la mañana
canta húmeda de aurora la campana aldeana.
Ramón del Valle Inclán: Aromas de Leyenda (1907)