La palabra del alma es la memoria;
la memoria del alma es la esperanza
y ambas están unidas como el haz y el envés de una moneda,
están unidas en el paso igual que el pie que avanza se apoya en el de
atrás
la esperanza, que quizá es tan sólo la memoria filial que aún tenemos
de Dios,
y la memoria que es como un bosque que se mueve,
como un bosque donde vuelve a ser árbol cada huella.
(…)
Luis Rosales: La casa encendida (1949)